22 de marzo
SANTA LEA
Viuda
Los que se rigen por el Espíritu de Dios,
ésos son hijos de Dios.
(Romanos 8, 14)
San Jerónimo nos ha dejado un hermoso elogio de santa Lea en una carta a santa Marcela. Lea, que había tenido muchos esclavos, abandonó el mundo y se hizo sierva de todos. Dirigió un monasterio de vírgenes, a las cuales enseñó en la virtud por sus ejemplos mejor todavía que por sus palabras.
MEDITACIÓN SOBRE LO DULCE QUE ES SERVIR A DIOS
I. El camino de la virtud no es tan difícil como uno se lo cree. Dios no pide de nosotros cosas imposibles. Examina cada uno de los mandamientos en particular, y verás cuán leve es la carga que nos impone. Además, todo lo que prescribe es conforme a la razón; todo es para nuestro bien. Los príncipes de la tierra, el mundo, nuestras pasiones a menudo nos mandan cosas imposibles, contrarias a la razón, dañosas; ¡a pesar de ello, obedecemos a estos exigentes señores y rehusamos obedecer a nuestro amable Salvador! Lo que Él manda no es duro ni penoso, y su gracia nos ayuda a ejecutarlo (San Agustín).
II. Dios nos concede generosamente sus gracias para ayudarnos a servirlo; y si alguna amargura existe en la observancia de sus mandamientos, es singularmente suavizada por los consuelos celestiales que acompañan a la práctica de la virtud. Los ejemplos de los santos cuyas vidas leemos y el de las personas piadosas que nos rodean nos hacen más fácil la guarda de los mandamientos.
III. La recompensa que se nos ha prometido disminuye en mucho la pena anexa al trabajo. Con la esperanza de una recompensa trabaja el obrero con alegría y ardor, el soldado se expone a la muerte y el mercader al peligro de naufragar. La gloria que yo espero es segura, es Dios quien me la promete: es fiel a su palabra, no engaña jamás. Esta gloria perdurará lo que la eternidad. Piensa en ello seriamente. Levanta tu mirada al cielo y di de cuando en cuando: No depende sino de mí el entrar un día en ese palacio de luz. Lo puedo si lo quiero. ¡Qué livianos son mis trabajos comparados con el peso de la recompensa!
La observancia de los mandamientos
Orad por los servidores de María
ORACIÓN
Escuchadnos, oh Dios que amáis nuestra salvación, y haced que regocijándonos con la fiesta de la bienaventurada Lea, seamos también instruidos por los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.
Tomado de «La vida de los santos», del P. Jean Etienne Grosez, Editorial Angustam Portam.
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